Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia
Ciencia, cuidados y compromiso: el papel de la enfermera investigadora
En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, SATSE Euskadi visibiliza la aportación de las enfermeras a la investigación científica y las dificultades que aún persisten para acceder y desarrollarse en este ámbito
El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de promover el acceso y la participación plena y equitativa de las mujeres en la ciencia, así como avanzar hacia la igualdad de género y el empoderamiento femenino en todos los ámbitos del conocimiento.
A pesar de los avances logrados en las últimas décadas, los datos siguen mostrando una infrarrepresentación de las mujeres en las carreras científicas, especialmente en los niveles más altos de la investigación y la innovación. Esta desigualdad también se refleja en el ámbito sanitario, donde la investigación continúa estando masculinizada en términos de liderazgo y reconocimiento, a pesar de que profesiones como la enfermería están compuestas mayoritariamente por mujeres.
La enfermería es una disciplina científica, basada en la evidencia, que genera conocimiento propio y contribuye de forma decisiva a la mejora de la calidad asistencial, la seguridad del paciente y los resultados en salud. Sin embargo, el acceso real a la investigación, la compatibilización con la labor asistencial y el reconocimiento institucional del papel de la enfermera investigadora siguen siendo retos pendientes.
Con motivo de este día, SATSE Euskadi entrevista a Ainara Zumarraga Insausti, enfermera especialista en pediatría, profesional asistencial en la unidad materno-infantil del Hospital de Zumarraga, profesora asociada en la Universidad del País Vasco y doctoranda. Su trayectoria combina asistencia clínica, docencia universitaria e investigación, sin abandonar nunca el cuidado directo a pacientes y compatibilizando su desarrollo académico con la maternidad.
La investigación nace del cuidado diario
Para Ainara Zumarraga, la enfermería no solo forma parte de la ciencia, sino que debería ocupar un lugar central en la base de la investigación en salud.
“Somos quienes estamos más cerca del paciente y su familia, con un contacto directo, continuo y privilegiado”, explica. Esta cercanía permite conocer la realidad asistencial desde dentro y detectar necesidades que, en muchas ocasiones, no aparecen en los enfoques puramente teóricos.
Desde su punto de vista, la observación cotidiana genera preguntas de investigación esenciales. “La práctica diaria nos permite identificar qué funciona, qué no y qué se puede mejorar, siempre desde lo que realmente le importa al paciente”, señala. Sin embargo, lamenta que ese potencial no se traduzca en una presencia real de la enfermería en el ámbito científico. “No es por falta de capacidad ni de conocimiento, sino porque como disciplina todavía no hemos conseguido —o no nos han facilitado— ocupar el espacio científico que nos correspondería de forma natural”.
Dar el paso a la investigación desde la enfermería
En su caso, el acceso al doctorado fue posible gracias a una combinación de oportunidad, acompañamiento y apoyo académico. Ainara subraya especialmente el papel de la tutoría, que es clave contar con una buena guía en todo el proceso. “Contar con una buena tutora o tutor es fundamental. En mi caso, mi tutora me ha facilitado mucho el camino, me ha orientado, ha confiado en mí. Sin ella me hubiera hundido hace muchos contratiempos", explica.
La propuesta de realizar una tesis doctoral en pediatría, desde la enfermería y en euskera, fue determinante. “Era una oportunidad para dar voz a las familias y para mejorar la atención pediátrica desde una mirada enfermera. Cuando te lo ponen fácil y te acompañan bien, dar el paso resulta mucho menos intimidante”, reconoce. Para ella, este acompañamiento demuestra que el talento existe, pero necesita estructuras y referentes que lo impulsen.
A pesar de iniciar el doctorado, decidió no abandonar la asistencia. “Nunca he dejado de trabajar con pacientes porque es donde realmente me siento realizada como enfermera”, afirma. Como muchas otras profesionales, ha tenido que compaginar la investigación con la asistencia, la formación continuada y la preparación de oposiciones. “La investigación no vino acompañada de una promoción profesional ni de un cambio estructural; vino acompañada de más horas y más esfuerzo personal”.
Investigar sigue siendo un ‘extra’
Zumarraga considera que, aunque en la teoría el rol investigador está plenamente asumido dentro de la enfermería, la realidad es muy distinta. “Todas sabemos que la enfermera es asistencial, docente, investigadora y gestora, pero cuando bajas del aula a la planta, el tiempo no da para todo”, explica. La asistencia ocupa casi toda la jornada laboral y la investigación queda fuera del horario, sin tiempo protegido ni planificación.
“Si quieres investigar o mantenerte actualizada en la evidencia, lo haces robándole horas a tu vida personal. Y eso no siempre es vocación; muchas veces es precariedad disfrazada”, afirma con contundencia. Esta situación convierte la investigación en algo excepcional, dependiente de la motivación individual y no de una apuesta estructural por el conocimiento enfermero.
Conciliar ciencia, cuidados y maternidad
Compatibilizar asistencia, docencia, investigación y maternidad ha sido uno de los mayores retos de su trayectoria. “El desgaste emocional y la falta de tiempo han sido constantes”, reconoce. Subraya que este camino no se recorre en solitario y destaca la importancia de contar con una red de apoyo sólida, tanto familiar como profesional.
Aun así, no idealiza el proceso. “La investigación se ha hecho, en gran parte, a costa del tiempo personal y familiar”, admite. Las dudas y el cansancio aparecen de forma recurrente. “Muchas veces me pregunto si merece la pena este nivel de estrés y sacrificio. No tengo una respuesta definitiva, pero por ahora sigo adelante”.
La necesidad de referentes enfermeras investigadoras
Desde su experiencia, considera clave visibilizar a las enfermeras que investigan y generan conocimiento. “Faltan referentes enfermeras en investigación. Muchas veces no damos el paso porque no vemos a otras que lo hayan hecho antes o porque no se nos muestra ese camino como algo posible”, explica.
La presencia de referentes, especialmente mujeres enfermeras investigadoras, resulta fundamental para que las nuevas generaciones se imaginen en ese rol. “Ver a otras enfermeras investigando, publicando y liderando proyectos te hace pensar que tú también puedes hacerlo”, afirma. Para ella, dar visibilidad a estas trayectorias es una herramienta poderosa para romper barreras y estereotipos.
Asimismo, Zumarraga defiende con firmeza que las enfermeras investiguen en su propio ámbito de conocimiento. “Cada disciplina aporta una mirada específica. La enfermería conoce el cuidado cotidiano, los miedos y la respuesta real de los niños y sus familias. Sin esa mirada, la investigación queda incompleta”, afirma. En pediatría, añade, esta visión resulta aún más necesaria, al incluir de forma inseparable al niño, la familia y el entorno.
También reivindica el valor de investigar en euskera. “Si pienso, vivo y cuido en euskera, ¿cómo no voy a investigar en euskera?”, se pregunta. Para ella, es una cuestión de coherencia profesional y una forma de normalizar la producción científica en lenguas propias.
Un mensaje para las futuras científicas
Como profesora asociada, anima al alumnado a entender la investigación como una herramienta para mejorar los cuidados y fortalecer la profesión. “La ciencia no está lejos de la enfermería; empieza cuando nos hacemos buenas preguntas sobre cómo cuidamos”, señala, aunque también es honesta sobre las dificultades del camino investigador.
Su mensaje final va dirigido especialmente a las niñas y jóvenes que no se sienten reflejadas en la ciencia tradicional.
“La enfermería demuestra que se puede ser científica sin dejar de cuidar, investigar sin perder humanidad y generar conocimiento desde la cercanía”, concluye. “Por la profesión, por los pacientes y sus familias, y por orgullo. Porque también desde la enfermería se hace ciencia”.